La Cafetería.
Siempre he dicho que necesitamos muchos lugares como estos, principalmente porque son los únicos espacios en donde puedes pensar tranquilamente en eso que te da vueltas y vueltas en la cabeza… Nada que un buen café no pueda calmar… por lo menos por un momento.
Es mi primera cita luego de la separación con Daniel hace ya tres meses y medio. Los nervios me empiezan a pasar la cuenta: las manos me sudan y la taza suena al chocar con el plato… Sin embargo, estoy tranquila, raro ¿no?… Nada que un buen café no pueda calmar…
En la espera la mítica Cafetería Torres se hará cómplice del encuentro, en donde compartir un café cuando cae la tarde o hacer un break por la mañana, sabe bien.
En medio de nuestra gran Alameda está ubicado a pasos de la Estación de Metro Los Héroes, entre las calles Dieciocho y San Ignacio en un gran y precioso remodelado edificio que data de 1897. ¿Sabías que aquí se creo el “Cola de Mono”?, y además el sándwich “Barros Luco” en honor al presidente de igual apellido, que siempre pedía “carne y queso por favor”.
Llegó… los nervios se acrecientan… Las miradas juegan a no mirarse y los temas propios de trabajo, familia y hobbies hacen que el encuentro sea más distendido. Un café, un pastel, un cigarrillo son protagonistas.
Un Corte con sopa caliente.
En la conversación descubrí que mi cita resulta ser muy agradable y sin mucho análisis para esto, le pido me acompañe a mi siguiente parada.
Mientras caminamos con paso lento, lo escucho en su plática, tengo el tiempo suficiente para pensar en lo que acaba de suceder: un personaje con tema, simple y agradable, con la vida aparentemente resuelta, eso es lo me hace pensar que es posible que funcione algo, un próximo encuentro, una gran amistad, una gran relación, una… llegamos.
Era muy cerca hacia donde nos dirigíamos, nada de taxis, ni micros. Sólo nuestros pies nos llevan hasta este lugar, El Restaurante Boulevard Lavaud de la Peluquería Francesa.
Veo que Santiago tiene harto que mostrar y con buena compañía se hace más agradable de lo que pensé.
Abro la puerta y ese olor a antaño entra por mi nariz, donde el encuentro de artistas, pintores y escritores en los años 80’s está plagado en sus murallas, fieles testigos de que este lugar tiene historia… nada menos que desde 1891 estos señores laboran el arte del cabello, porque la mezcla de una peluquería con un restorán de comida de autor, son ideales para seguir la odisea.
Gracias al Beto Cuevas la conocí (quien cortaba aquí su melena noventera en sus días de rockero emergente en nuestro país).
El Boulevard Lavaud, que me parece una buena alternativa para conocerse aun más, es un exquisito restorán estilo francés con carta típica del país combinada con la de Chile. Que mejor que una rica sopa de cebolla, especies y queso fundido para el final, para pasar estos días de frío al almuerzo.
Ya más en confianza podemos investigar mutuamente de nuestros sueños y proyectos de vida… ¿coincidencia o no?, puedo encontrar detalles parecidos a los mios.
Nadie en mi oficina supo con quien me encontraría. Fue un clásico “voy y vuelvo” que será interrogado al regresar… obvio. Debo justificar de alguna manera mi pronta salida, ni se lo imaginan.
Ese fue mi pedido, mientras que mi acompañante pidió unos crepes de espárragos, alcachofas con queso parmesano. Hablamos de la vida y de nuestras últimas relaciones, típico. Quisiera sólo hablar de mí, de lo que me gusta o no, de lo que soy, lo que siento, pero parece ser una ley: dime lo que tienes y te diré como eres o tu pasado te condena o te corona. Así nos pasamos todo el almuerzo.
Y finalmente venía lo inevitable.
Al despedirnos, su “nos volveremos a ver”, hicieron también inevitable decirle “por supuesto, me caíste muy bien”. Sabía que cuando viera en mi teléfono su número, solo contestaría para cuando no tenga nada que hacer.
Preparando el After Office.
Al llegar el cuestionario de mis colegas era ineludible, pensé.
Mi vecino de escritorio suele ser un poco entrometido y cada vez que puede pregunta de mis salidas, sin embargo por alguna extraña razón esta vez no preguntó donde y con quién me vi aquel medio día… safé fácil del interrogatorio.
Sin grandes explicaciones – soy hábil en eso –, dije que era un posible cliente con un gran proyecto en mente y que tal vez tome nuestra accesoria, trabajo y más trabajo. Rápido y conciso.
Sentada en mi escritorio abrí mi correo y miré otra vez su foto: su ancha espalda y tenida seminformal resaltaban sus detalles de hombre cool e interesante, es guapo después de todo.
- Hola! - ... Cerré automático mi mail.
- ¿Qué harás después de la oficina? -. Mi vecino de escritorio preguntó.
Me invitó al Club de Jazz, un espacio de mezclas en razas y música. Me encantan las mezclas.
Aquí el Jazz se funde con el Pisco Sour y el Rithm and Blues. Suenan muy bien con el Ron. Cristián Cuturrufo lo sabe muy bien pues es fiel exponente de este círculo:
“Invito a todos los amantes, parejas o conocidos a sentir como se te pelan los huesos y se te sube la temperatura en un lugar donde las sensaciones se escuchan y se tocan.”
Es una tendencia que paso a paso se interna en nuestra piel: el Jazz.
Creo que no me haría nada de mal un trago con buena música, aunque es raro que él nunca me había invitado a salir antes… fin del día.
Día de Chance
Es agotador que un compañero de pega quiera incesantemente entrar en mi corazón, que cada pregunta tenga que ver con quien comparto mi cama. No sé si me quiere apretar fuerte entre sus brazos o quiere tomar el té de las cinco para hablarme de su vida. Me desgasta. Prefiero que todo siga tal cual, tú en tu mundo y yo en el mio.
Hoy viernes mi cabeza sólo piensa en apagar pronto el computador, caminar sin rumbo fijo y después de farra con mis “amiguis”.
Por lo menos hoy la jornada acaba al medio día. Que bueno trabajar así.
Ayer Camila, mi amiga hippie que siempre busca datitos baratos, me contó de un restorán clásico, ideal para almorzar. Cómodo, de platos caseros, El Casa de Cena. Está a dos cuerdas de plaza Italia (Pje. Almirante Simpson Nº 20).
Gracias amiga por el dato, lo tendré muy presente para mis caminatas de medio día, sin embargo sólo un chocolate que tengo en mi bolso será por hoy mi colación. Mas tarde iré el cine por lo que las cabritas con bebida son menú obligado.
Ya es hora de marchar, antes hecho un vistazo a la cartelera de cine para ver que película puedo ver. Estoy un tanto nostálgica, el Cine El Biógrafo seguro tendrá un tema para mi.
Así es, La maldición de la Flor Dorada, un film con historia, engaños y amor imperial, con la tradición china en tela de juicio. Un drama épico por sobre todo. Sus efectos especiales son de muy buen nivel, los premios en fotografía y ambientación me hacen pensar que es una buena opción.
Además que está en uno de los barrios más onderos de la ciudad. Es en la calle Lastarria, popular, bohemia y emplazada en un edificio a punto de cerrar muchas veces.
Hora de la función 17:00 horas. Tiempo suficiente para caminar, pensar, mirar y escuchar.
Caminar hace bien.
Karina, mi mejor amiga y compañera de oficina, es la típica chica de gran personalidad que no tiene novio porque asusta su espontaneidad, pero que todos los hombres se vuelven a mirarla, es muy guapa. Hoy una vez más siento esa distancia que vi hace unos días en ella. No hay preguntas ni comentarios, solo un frío “hasta el lunes”. Ni siquiera un beso de despedida, creo que algo pasa y no sabe como decirlo. Me asusta. Mañana se lo preguntaré, no puedo seguir como si nada pasara.
Ya estoy en la calle con rumbo fijo. Mis audífonos puestos y la música fuerte marca mi andar cual virtual pasarela. Parece que creciera unos centímetros de alto al andar así. Los hombros bajan atrás, el pecho sale y las rodillas se estiran y los tacos suenan a topar el piso, la ciudad es mía, me pertenece, soy parte y actriz de todo lo que sucede, consecuencia dejo. Huellas.
Suena un tema disco de los 80’s en mi mp3. Quiero tener uno de Michael Jackson y por arte de magia apareció esta disquería, Lugar sin Limites. Llena de discos viejos y seguro encuentro lo que busco, es más, si no está lo que buscas ellos de encargan de averiguarlo por ti, que mejor. Lo pides y retiras cuando ellos lo indiquen. Mágico lugar.
Y con mi sueño cumplido sigo mi camino. Con la mente en todas partes, mirando las tristes y amargadas caras de transeúntes cabizbajos, pensando también en lo poco feliz que soy, porque, aunque suene cliche, lo soy. Es mi tarea hoy, hacerme cargo de lo que siento y dejar que la vida me siga sorprendiendo.
Dualidad
Ya estoy en casa, sentada, escuchando a un tipo en la radio que comenta lo sucedido en el mundo hoy, no me interesa. Hoy quiero pensar en mi, encontrar mi centro. Buscar las respuestas.
Tengo dos personas en el interior: una en la cabeza que consiente o inconscientemente dice lo que deber hacer y otra en el corazón que con las emociones y sentimientos también lucha por conseguir lo que quiere… en buscar el equilibrio se me pasa la vida.
Mi mejor amigo es de aquellas con la primera personalidad y cada consejo que de su boca sale es racional, certero, exacto, pero en su vida en la práctica lo tiene hecho un lío. ¿Y el corazón? ¿Que haces con el corazón?... te lo comes?
Del trabajo a la casa, de la casa al trabajo, reunión con amigos, reunión con citas, a la casa otra vez y se repite la pauta. Lo disfrutas apenas, sólo reacciones viserales aparecen en la mente que hacen de la vida un mecanismo constante.
Ya creo que es suficiente pensamiento para un jueves por la noche. Mis amigas suelen dormir a esta hora o están con sus novios (o eso dicen), mirando una película, así que agarraré moto que un trago no le hace mal a nadie.
Ni siquiera del tipo del otro día he sabido. Dejaré el corazón en la casa, hoy mandan las hormonas.
Un lavado de diente, cambio de blusa, perfume, llaves, cigarrillos y cartera. - Taxi !!… al Bellas Artes por favor -.
Parada, “La Casa Naranja”, un bar restaurante hermoso, ricos tragos y picoteos.
Entro sola, nerviosa. No se que sucede en mi que cada vez que salgo sin compañía mi corazón se acelera y las piernas me tiemblan, no importa, no será un argumento de retirada, es más, disfruto de este nervio, de lo contrario sería como una salida más y cada una debe ser especial.